Zaratustra y la tentación formalista

[I] Zaratustra IV y la tentación formalista: Propp en el valle de la muerte de Dios

Hay una intuición que aparece casi inevitablemente cuando uno lee la Cuarta Parte de Así habló Zaratustra: ¿realmente estamos ante filosofía, o ante un artefacto narrativo construido con la precisión de un cuento maravilloso?

Los formalistas rusos —Propp, Tinianov, Shklovski— habrían disfrutado enormemente con estos capítulos. La filosofía es, por supuesto, crucial; pero la arquitectura narrativa que Nietzsche monta para transmitirla es ya, por sí misma, un método.

A continuación, algunas notas formales sobre la Cuarta Parte, pensadas desde Propp pero sin reducir el Zaratustra a un cuento folklórico. Nietzsche no “cuenta” un cuento, pero trabaja como si conociera de memoria el esqueleto del cuento.

1. La estructura de “encuentros en serie”: una morfología del descenso

La Cuarta Parte está construida casi enteramente como una cadena de episodios autónomos, cada uno centrado en un personaje deformado por la muerte de Dios:

El gritador de angustia (el presagio). El Mago. El Papa sin Dios. El Hombre más feo (el asesino de Dios). El Mendigo voluntario. El Sombra. El Asno y la futura sátira de la “misa”.

Esto se parece sospechosamente a la morfología en secuencias que Propp describe: el héroe avanza por un territorio marcado y encuentra una serie de “funciones narrativas” encarnadas en figuras.

Cada personaje es una función:

el Mago = seducción y mentira. el Papa = religión vaciada. el Hombre más feo = vergüenza y crimen metafísico. el Mendigo voluntario = moral del populacho y fracaso del dar.

Como en Propp, cada encuentro es una prueba, pero también un espejo.

2. La inversión del “camino heroico”: el héroe no avanza, retrocede

En el cuento tradicional el héroe progresa hacia la victoria.

En Nietzsche ocurre lo contrario:

Zaratustra no avanza hacia una meta exterior, sino que se hunde en un valle cada vez más interior. El movimiento es descenso, regresión, hacia atrás (algo casi dantesco).

Propp habría dicho: el héroe cumple funciones de reconocimiento, prueba, fallo y auxilio, pero todas ellas invertidas.

3. El leitmotiv del “reconocimiento”: la fórmula repetida

En todos los capítulos ocurre lo mismo:

El personaje lo reconoce → lo adora → proyecta sobre él la salvación → Zaratustra se irrita o se avergüenza → compasión → distancia → invitación a la cueva.

Es un patrón fijo, como si Nietzsche hubiera diseñado una estación narrativa repetible.

La repetición produce un efecto formal clarísimo: Zaratustra no aprende nada de ellos, pero ellos solo existen en relación con él.

El relato funciona como un rosario de deformaciones espirituales: cada encuentro intensifica el tema principal —cómo seguir viviendo tras la muerte de Dios— sin alterar la forma.

4. El “don” como función dramática

En la Cuarta Parte aparece continuamente el tema de dar y recibir, pero formalmente cumple una función narrativa:

Dar = acto que crea una relación de poder. Recibir = acto que crea dependencia y resentimiento. No querer ser ayudado = gesto aristocrático (Zaratustra). Dar mal = origen del populacho, lema del mendigo voluntario: «es más difícil dar que recibir».

Desde Propp: el donante y el receptor constituyen una pareja funcional.

Nietzsche usa esta estructura para criticar tanto el altruismo cristiano como el nuevo moralismo humanitario.

5. El valle como “espacio mágico”: la topología del cuento

El escenario de la Cuarta Parte es casi caricaturesco en su estilización:

“Valle de la muerte de serpientes” Cueva escondida Bosques, rocas, accidentes bruscos Animales que hablan o actúan como consejeros

No es geografía real, es geografía funcional.

En Propp el bosque es donde el héroe encuentra a los auxiliares o los enemigos.

En Nietzsche, el valle es donde Zaratustra encuentra las figuras deformadas del espíritu europeo.

Es un paisaje simbólico construido para que las funciones narrativas ocurran.

6. Desplazamiento filosófico del héroe: Zaratustra como anti-Príncipe

En Propp, el héroe está destinado a triunfar.

En Nietzsche, Zaratustra fracasa repetidamente:

nadie entiende su mensaje, todos proyectan sobre él, todos lo necesitan, él huye de la compasión, todos lo confunden con un salvador.

El héroe nietzscheano es demasiado fuerte para ser pastor, demasiado débil para ser rey, y la única salida posible es volver a su cueva y esperar el retorno y la danza.

7. Conclusión formalista: la Cuarta Parte es un “ciclo de pruebas”

Mirada desde Propp:

Zaratustra IV no es una exposición doctrinal sino una ronda de figuras, cada figura representa un modo fallido de vivir tras la muerte de Dios, y cada encuentro aumenta la tensión narrativa hacia la escena final de la Cueva.

Nietzsche convierte la filosofía en teatro de máscaras, donde cada máscara actúa como función narrativa antes que como concepto.

Por eso la Cuarta Parte es tan extraña, tan inquietante y tan moderna:

no es una argumentación, es la coreografía de un mito en descomposición.

Si quieres, mañana seguimos con:

cómo encajan estos “encuentros” con la noción nietzscheana de Wiederkunft, o un análisis de qué “función” cumple cada uno de los animales de Zaratustra.

¿Quieres que añada una introducción o un cierre “editorial” para que encaje mejor con el tono de Asuntos Varios?

[II]

Cómo encajan los encuentros de la cuarta parte con la Wiederkunft

(Eterno Retorno / “vuelta de lo mismo”)

Hay dos niveles que conviene distinguir:

A) Nivel narrativo-formal

Cada encuentro funciona como una variación sobre un mismo motivo: Zaratustra se cruza con un hombre “desviado”, “agotado” o “acorralado”, lo reconoce, lo acoge y lo supera.

Esta repetición rítmica produce la sensación formal de retorno:

estructura que vuelve, pero con un matiz distinto cada vez.

Es el modo “formalista” en que el libro mise en abyme su propia teoría: un retorno como movimiento espiral, no como círculo.

B) Nivel filosófico-existencial

El Eterno Retorno en Nietzsche es, ante todo, una prueba de afirmación:

“¿Podrías querer que todo esto —exactamente así— vuelva eternamente?”

Los hombres que Zaratustra encuentra en la cuarta parte son precisamente los que no pueden afirmarlo.

Cada uno representa una forma de fracaso del querer:

el Adivino → el que vive en el hundimiento del tiempo (puro futuro negro) el Hombre más Feo → el que mata al Testigo para no ser visto (puro pasado vergonzoso) el Mendigo Voluntario → el que quiere dar y no puede (atasco en la moral del resentimiento) la Sombra → el que sigue sin rumbo (eterno deambular, sin capacidad de decir “sí”)

El retorno los refuta porque ninguno podría soportar repetir su modo de ser.

Para Zaratustra, en cambio, la serie de encuentros funciona como una prueba pedagógica de retorno:

él ya ha vivido cada una de estas tentaciones y sabe que volverán; la cuestión es si puede afirmarlas sin que lo destruyan.

Así, los encuentros no anticipan la doctrina del eterno retorno: son su entrenamiento.

2. Qué función cumplen el águila y la serpiente

Aquí conviene entenderlos no como “alegorías sueltas”, sino como instancias simbólicas recurrentes que cumplen la función que en Propp cumplirían auxiliares o dadores mágicos.

El águila — el principio solar, altivo, leonino

Funciones:

Representa el pathos de la distancia — la nobleza, la altura, la afirmación vertical. Cuida y vigila — es el ojo que no duerme, la custodia del proyecto de Zaratustra. Es fuerza sin culpa — fiel a la idea nietzscheana de aquello que no necesita justificar su poder.

Es, si quieres, la “mitad ascensional” de Zaratustra.

La serpiente — el principio terrestre, profundo, circular

Funciones:

Representa el eterno retorno — lo circular, lo que vuelve y se enrosca. Es la sabiduría del cuerpo, de lo oscuro, del veneno que cura. Es el recordatorio del límite, de la vulnerabilidad, de lo que obliga a Zaratustra a afinar y no a inflarse.

Es la “mitad descendente”, la que tira hacia lo hondo.

Ambas juntas — síntesis del Übermensch

Nietzsche las hace acudir siempre en pareja a Zaratustra porque representan la coincidencia de opuestos que él necesita para hablar:

altura + profundidad poder + astucia vuelo + círculo afirmación + retorno

Son su comunidad mínima, su “Sangha”, si quieres decirlo en términos zen: dos presencias que lo devuelven a sí mismo sin moralizarlo.

Función formalista

Dentro de la estructura de la cuarta parte, funcionan como el coro estabilizador:

aparecen cuando la tensión dramática crece (el Hombre más Feo, la Última Cena, el Saludo) y sirven para anunciar que Zaratustra aún no se ha perdido, que conserva el centro de gravedad que los demás no tienen.

Resumen para pegar en el blog, si te sirve:

Los encuentros de la cuarta parte funcionan como variaciones narrativas del Eterno Retorno: cada personaje encarna un modo de no poder afirmar la vida —un fracaso específico del querer— y Zaratustra los enfrenta para ensayar su propia capacidad de decir “sí” a lo que vuelve.

El águila y la serpiente cumplen la función simbólica de “auxiliares”: representan la síntesis necesaria en Zaratustra entre lo alto y lo hondo, lo solar y lo circular, el poder afirmativo y la sabiduría del retorno. Actúan como coro estabilizador en la arquitectura de la cuarta parte y como recordatorios vivos de la forma de vida que Zaratustra aspira a encarnar.

Published by Fernando Santamaría Lozano

Barely a life, no bio.

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