El caso “Gabriel Cruz”

La tarde del 27 de febrero de 2018, hace ya cuatro años, el niño Gabriel Cruz Ramirez, de ocho años de edad, desapareció en el trayecto entre la casa de su abuela paterna y unos familiares, un trayecto de unos 100 metros, que se podrían ser traducidos en tiempo en alrededor de 30 segundos, en la localidad almeriense de Las Hortichuelas. En el dispositivo de búsqueda organizado participaron más de 5000 efectivos, entre ellos 3000 voluntarios y 2000 profesionales. Fue la mayor búsqueda coordinada en la historia de España.

El 11 de marzo de 2018 el cadaver de Gabriel fue encontrado en el maletero del coche de Ana Julia Quezada, nacida el 25 de marzo de 1974 en Concepcion de la Vega, República Dominicana, pareja por entonces del padre del niño. Anabel Julia Quezada había enterrado el cuerpo del niño en una finca propiedad de la familia paterna en Rodalquilar, donde lo había asesinado el mismo 27 de febrero de 2018. Desenterro luego el cadaver, lo introdujo en su coche y condujo hasta su vivienda de La Puebla de Vícar. Al llegar a las puertas del garaje la detuvo la Guardia Civil, que la venía siguiendo. Al principio negó haber cometido el crimen. Dos días más tarde confesó haberlo hecho.

La investigación del caso condujo a la realización del juicio durante el mes de septiembre de 2019. Un jurado popular la declaró culpable de asesinato. La sentencia dictada por la Sección Segunda de la Audiencia de Almería condenó a Ana Isabel Quezada a “prisión permanente revisable’ y a otra pena suplementaria de ocho años y tres meses más por delitos de lesiones psíquicas y contra la integridad moral de los padres.

Algo menos de una semana después de la desaparición, se encontró una camiseta blanca a unos cuatro kilómetros del lugar de la desaparición. El Ministro de Interior del Gobierno de Mariano Rajoy, Juan Ignacio Zoido, en persona confirmó ante los medios que los análisis realizados por los laboratorios de la Guardia Civil revelaban la presencia en la prenda de ADN del niño. Más tarde se demostró que el hallazgo de la camiseta había sido fingido por Ana Julia Quezada, que había desempeñado el papel de participante activo en el dispositivo de búsqueda.

La Puebla de Vicar, la localidad donde se efectuó la detención de Ana Julia Quezada, se encuentra a 73 kilómetros de las Hortichuelas.

Hay algo que no entiendo en el relato de la Wikipedia. Según este, durante su primera comparecencia ante el titular del Juzgado de Instrucción número 5 de Almería, Rafael Soriano, Ana Julia Quezada dijo lo mismo que había sostenido ante la Guardia Civil, que había discutido con Gabriel, forcejeado con el por una herramienta, un hacha y después lo había asfixiado y ocultado su cadaver en esa finca de Rodalquilar. El autor del artículo añade a continuación que “Esta versión fue parcialmente desmentida por los investigadores en el relato oficial de los hechos,” y cita unas frases de este informe oficial que, repitiendo en realidad la declaración de Ana Julia Quezada, la repiten como si esta declaración repetida se opusiera a una declaración diferente que ella hubiera realizado: “La acusada asesinó sola al pequeño Gabriel, sin la implicación de terceras personas; se llevó al niño posiblemente (sic) por los celos que le tenia; le (sic) mató el mismo día de la desaparición asfixiándolo, le (sic) enterró tapándolo con piedras decorativas y tablones.” (El Mundo, 15 de marzo, 2018).

El caso del asesinato del niño Gabriel Cruz constituyó durante varios días un gran espectáculo mediático. Se produjo una gran manifestación en Almería para pedir, inconguentemente, su regreso, sus padres, en especial su madre, aparecían con frecuencia ante las cámaras de televisión, y los peces que le gustaba dibujar al niño se convirtieron, por unos días, en un símbolo compartido por toda la nación.

Todo esto se refleja en el alto contenido emocional, y apenas valor probatorio de las palabras de la fiscal, Elena Maria Fernandez, que recoge esta información de efe. Lo mismo cabe decir de estas palabras del alegato final ante el jurado De Francisco Torres, el abogado de los padres del niño Gabriel Cruz, que recoge “El Español”: “La acusada no tiene derecho a respirar el mismo aire que nosotros. No puede estar en la calle porque va a matar más niños.” (Una tontería, por otra parte: Quien la iba a dejar en la calle?)

El jurado consideró finalmente a A.J.Q. de asesinato con alevosia, la más significativa de las circunstancias que se pueden considerar como agravante, “alevosia por desvalimiento,” por aprovechar la asesina las mucho menores fuerzas del niño, probablemente. La Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía descartó el delito de lesiones psíquicas.

La mala relación entre Ana Julia Quezada y el nino Gabriel Cruz, hijo del hombre con el que se había emparejado, era, al parecer notoria. Incomprensiblemente, según la Voz de Almería, Esteban Hernández Thiel, el abogado de la defensa, aunque considera poco probable una repetición del juicio, afirma que, si la hubiera, basaría su defensa, calificar los hechos como “homicidio imprudente.” Todos los abogados de A.J.Q. que encuentro tras buscar en Google le fueron asignados por el turno de oficio.

Los libros y las canciones sobre asesinos no son infrecuentes. A Truman Capote le dio fama su libro documental “A Sangre fría,” “In Cold Blood,’ Vicent Bugliosi escribió en 1974 “Helter Skelter,” sobre los asesinatos de Charles Manson, Nick Cave público en 1996 “Murder Ballads,” asumiendo un género de canciones sobre asesinatos; todos resultado de intentosde entrar en las mentes de los asesinos. En Raval. Del amor a los niños, Arcadi Espada desmonta al parecer la trama de preconcepciones detrás de un escándalo de pederastia. Ana Julia Quezada permanecerá en prisión hasta el año 2044, hasta los 70 años. Como siempre, me produce cierto malestar que solo exista sobre ella el relato plano, entre sentimental y amarillo, que ofrece la prensa, pero eso también tiene una tradición. Ejecuciones y humillaciones públicas han constituido un espectáculo popular hasta tiempos recientes, las noticias de sucesos, insertas en periódicos o publicadas independientemente, han servido durante mucho tiempo de entretenimiento a miles de lectores. Incluso Emily Dickinson, creo recordar, las leia con fruición y un malsano placer.

Published by Fernando Santamaría Lozano

Barely a life, no bio.

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