Génesis de un brote psicótico

No se para que me meto en esto. En mayo de 2001, poco después de mi jubilación, visité brevemente, solo seis días, el “Zen Mountain Monastery,’ en Mt. Tremper, Woodstock. Una bonita monja mejicana, esposa del abad, Konrad Ryushin Marchaj, un médico polaco, con titulación en pediatría y psiquiatría, y que había servido un tiempo en los marines, esa monja mejicana y yo tuvimos un pique, y me marché un par de horas antes de la comida de despedida. En el hotel de paquistaníes en que estaba alojado “The New York Inn,” cerca de la Pennsylvania Station, les dio pena que llegara antes de la hora que les había indicado, y me dijeron que todos estos del “Zen” eran unos racistas, que no había maestros negros. La mujer de Ryushin, Jody Hojin Kimmel, Sensei, (https://episodes.castos.com/zmm/5c3afa87-5dac-4633-b670-673a6cdda449-20220904-21p-hojin-dt-zcnyc.mp3)ha cambiado mucho en estos últimos veinte años. La verdad es que he pensado a menudo en ella. Una de las cosas que recuerdo en que me insistio Ryushin era en la necesidad de una “desnudez total,” “Total nakedness.” Eran las tantas de la madrugada, yo llevaba unos bonitos calcetines comprados ad hoc, y Ryushin puso una mueca y me ordenó que me los quitara. El Zen exigía “desnudez total,” “Total nakedness.” Quizás me embarque en el enredado relato de mi “primera” crisis psicótica por eso.

La confusión mental nunca depende de un solo factor, de un solo elemento. Así que, a lo mejor, habría que empezar a numerar.

(i) Tenía alrededor de o poco más de treinta años, conocí, no me acuerdo como, mi ahora ex-mujer y yo íbamos a veces a tomar yoghurt allí, a uno de los socios de un pub de la zona vieja, emplazado en unas antiguas caballerizas restauradas, el “Modus Vivendi.” El chico era agradable, me juro y perjuro que se había criado como si dijeramos a los pechos, de Julián Beck, el co-fundador y director del Living Theatre, en Amsterdam. Seguramente una mentira, porque Julián Beck, según la Wikipedia, desarrollo toda su carrera en Nueva York. Me enamore, imagino de él. Una señora rubia, de aspecto agradable, que le asistía en el bar, me comentó una tarde, sonriendo, que era “su madre.” Una noche se me ocurrió ir a charlar un rato con el, pregunté a unos vecinos donde estaría, me dijeron que en su casa, en una aldea vecina, que vivía con su madre, cogí un taxi y fui hasta allí. Llame desde la verja y salió una señora de aldea, que, bastante cabreada, me dijo que su hijo nunca había sido gay.

Un día, como la que entonces era mi mujer, profesora de universidad y yo, no podíamos tener hijos, se me ocurrió comentarle a Braulio que, por qué no lo intentaba el con ella, que saldrían unos niños preciosos. Alguien me oyó, y las hordas franquistas de la ciudad corrieron la voz que tenía intención de compartir a mi mujer “con un maricon.”

(ii) Inicie estudios de Filologia Clásica, con mediano aprovechamiento en 1976, pero los termine en 1981. En la vorágine de mi vida estudiantil se me había olvidado presentarme a una asignatura semestral sobre, precisamente, “crítica literaria.” Las malas lenguas dijeron luego, haré referencia a ello, que, en realidad, “nunca había terminado la carrera.” Aprobé las oposiciones en Madrid al año siguiente, como el Juez Grande-Marlaska, que también tardó solo un año en preparar las suyas, es lo que cuenta en su libro “Sin Pena ni Miedo” que a pesar de los elogios de Nativel Preciado, me pareció un tanto decepcionante. Bueno, aprobé las oposiciones, en las de cátedras superé sólo los 5 exámenes prácticos, porque en la carrera nunca completaron el programa; las de agregados las aprobé “sin plaza.” Sinceramente yo no entendía lo que era aquello, no entendía como se podía “aprobar” y, al mismo tiempo, “quedarse sin plaza.” Entendía aquello como una anomalía política. Una compañera de Instituto, Concha Abuin, me sugirió que hablara con un inspector de bachillerato, el inspector jefe, creo, un tal “Maissa,” me gustaría citar su nombre con precisión, (acabo de mirarlo: Mauricio Maissa Casenove, también encontré su cese, publicado en el DOG del sábado 12 de febrero de 1983, al poco de que me aprobara las prácticas, imagino que sin relación con ello), tenia fama de haber colaborado con los nazis durante la ocupación de Francia, tiene una hija también catedrática de Francés en alguna parte, a la Xunta de Galicia, la llamaba la “Yunta,” como si fueran un atajo de bueyes. En general era un buen tipo. Murió de un cáncer de colon unos años después de un proceso un tanto desagradable. Me lo comento Concha Abuin. Le insistí un poco, pero debí de caerle bien, porque me dio instrucciones para en 10 o 12 días acceder a la plaza, no sin asegurarme que se vería obligado a quitársela, a su vez a alguien.

Concha Abuin, por las mismas fechas, más o menos en que yo “aprobé,” digamos, las oposiciones (y fiel a sus consejos, “obtuve, como acabo de explicar, la “plaza”) tuvo, no tengo ni idea de los detalles, una especie de ‘affair” con un joven, inteligente y recién estrenado (legalmente, vaya) Catedrático de Física, o quizás química, algo difícil, fuere lo que fuere. El caso en la aldea donde estaba el centro, no se si “concertado” es el término exacto, (Marlaska, por cierto deja claro que odia ese tipo de centros), porque estaba gestionado en parte por el Ayuntamiento, que pagaba, mucho menos, a los profesores que contrataba (yo estaba entre ellos, por recomendación o algo, ganaba unas 40.000 pesetas), y en parte por la Xunta, que pagaba los sueldos normales. Concha era por entonces PNN, acabó aprobando unas oposiciones “restringidas.” Bueno pues en la aldea esa amistad causó un auténtico escándalo, hasta el punto de que se convocó un “claustro” o una “reunión de profesores” al respecto. Los comentarios en la aldea eran realmente desagradables, ofensivos. Se nos preguntó la opinión a todos. Cuando me llegó el turno, dije que el asunto me resultaba absolutamente indiferente. Añadí, incluso, imprudentemente, que por mi, “como si les daba por follar en un cobertizo anexo.” Creo que quería hacer una cita, referirme a una novela de D.H.Lawrence, quizas Lady Chatterley’s Lover. A Concha debió parecerle fatal, porque parece que no me lo perdono nunca.

Despues un año en expectativa, creo, en el Instituto Gelmirez, donde no me fue mal, y otro año en prácticas, no se por qué dos años, en el Instituto Virxe do Mar de Noia, sin mayores tropiezos, Maissa y el Director del Instituto Virxe do Mar me aprobaron las prácticas. Maissa me pregunto con su socarronería habitual, “Que tal me había portado?” Yo le contesté algo así como que “Había hecho gala de una paciencia infinita.”

Pase 4 años, también sin muchos problemas, en el Instituto Santa Irene, de Vigo. Y otros 4 en el Instituto Blanco Amor, de Órense, donde el director, Manuel, creo que se llamaba, se apellidaba Leyes, me dijo un día que mi problema era que no sabía numerar distinguiendo apartados y subapartados. Tenia razón. El instituto no iba mal, Leyes decía que era un centro de formación de profesores. Como no les gustaba como daba el COU, y los terceros, los monopolizaba el cura franciscano que era el Jefe de Departamento, me pusieron a dar segundos. Di segundos como un loco en un silencio absoluto. Eran todos bastante fachas, en especial la Jefa de estudios Camila, con el pelo rubio cardado en torre. Cuando una alumna me acusó de preguntarle demasiado en clase, o albergar malos pensamientos, no se, nos sometió a un careo y terminó concluyendo, dirigiéndose a la chica: “Si yo te contara … debilidades humanas.” En fin, yo quería, un anhelo pueril, ser director del centro. Le amenacé torpemente con una “moción censura.” Me llamo “payaso.”’Una señora mayor del claustro, o puso a el intensamente en ridiculo. La biblioteca del Centro estaba mal catalogada. Leyes me dijo un día que, como siguiera presionándolo, acabaría suicidandose, que lo había pensado la otra noche.

(iii) Como a mi ex mujer (me saltó algunas cosas) dar clase en un Colegio Universitario le parecía algo menor (uno de Física, creo, me dijo que era una tontería), ella consiguió, porque yo le pedí que la solicitara, una plaza de Titular, que alguna otra docente creía que por derecho sucesorio o lo que fuera, le tocaba a ella, y yo pedí el traslado a Santiago. A mi ex mujer le concedieron la plaza, la ceremonia debió ser tensa, porque volvió bastante descompuesta. A mi, en un cambio de última hora, me asignaron un Instituto de A Coruña, As Adormideras, como quería vivir en Santiago, hice una permuta con un profesor de Ordes, a 26 Kms. de Santiago. Leyes me pregunto que, finalmente a donde me iba. Yo le hice un elogio de las ventajas de la autopista.

El tipo con el que hice la permuta, creyó que le estaba haciendo un favor, el Instituto de Ordes valía menos en puntos, y me ofreció también quedarme con su puesto de Jefe de Estudios. Al llegar a Ordes, la primera persona con la que me encontré fue Concha Abuin, que me negó el saludo. Estuve en Ordes, no se, unos diez años. En cuanto llegue, un Jefe de Estudios no elegido, les pareció a todos los que aspiraban a echar a la directiva, una absoluta irregularidad. Había una escisión extraña, por un lado los que residían en Santiago de Compostela, en casas con alto valor inmobiliario, Concha Abuin y sus amigas, y decían que el instituto debían dirigirlo ellos; por otro, los naturales de la villa, que como decían que el instituto estaba allí, los que debían gobernar en en el eran los del pueblo. Vale, me acosaban bastante. Por entonces fue cuando me enamoré de Braulio, el supuesto hijo adoptivo de Julián Beck. Una noche se me cruzaron los cables, un domingo, a la mañana siguiente cogí un taxi, me presente en el instituto y les dije, entre otras cosas, que tenía unos amigos que les iban a dar de hostias a todos. Yo le expliqué a mi ex- mujer que la historia se me pasaría, que sufría a menudo esos ataques de rebelión o de furia. Ella estaba preocupadisima y me llevo a ver a un psiquiatra con buena fama, Emilio González Fernández, el mismo que le firmaba las bajas a mi Jefa de Departamento, que nunca me dejó sustituirla en funciones, Sira García Pintos.

En realidad, después de lo de Braulio y el taxi, pasó otra cosa. Incluso antes de esa visita a Emilio González Fernández. Yo estaba explicando algo que me parece extremadamente interesante, que el verbo “ser,” cuando se usa como copulativo, se “desematinza,” no significa nada, es un mero signo de “igual.” “Sócrates es mortal” equivale a “Sócrates = mortal.” A una alumna le estaba gustando, creo que Freud también solía hablar en exclusiva para una sola persona de su audiencia. Oí, alguien dijo, si Emilio llega a leer esto me mata,” “Enséñame la polla.” Mi primer movimiento, como diría Aristóteles o los que analizan las emociones, fue hacerlo. Lo único que hice fue llevarme la mano diestra a la bragueta. Los de primera fila se miraron, “Viste lo que hizo?” Luego me baje el jersey y no se por que, corri unos pasos hacia ella. Como para introducir un monstruoso miembro virtual en otra gracias gintesca boca virtual. Estábamos lejos. Di unas tres zancadas largas. Aun así quedamos a un metro y medio de distancia.

Vinieron unos padres a verme a mi despacho, aún era Jefe de Estudios. no se con que objeto. Me preguntaron que quería, les dije que un billete de avión e irme lo más lejos posible.

O sea, que, finalmente, fui, una noche a ver a Emilio. Me hizo una especie de interrogatorio. Yo tenía la idea de que, si una alumna de segundo me había dicho eso, debía haber en el Instituto una red de pedofilia. Le dije que hablaría con el, pero que no quería implicar a Braulio. Emilio hizo el gesto de coger con energía el teléfono y, después, no se que paso. A la supuesta historia de abuso no le hizo el menor caso.Me dijo que no hacía terapias y no daba bajas. Me recetó unas gotas de haloperidol, que después he leído que es casi mejor, a dosis bajas que los antipsicóticos atípicos. Nos recomendó también esa terapia de pareja. Cuando le enseñe un escrito en el que decía que le había hecho a mi mujer lo del Touratier, me preguntó con cierta expresión lasciva (la misma que el Juez, por otra parte cuando me preguntó por mi relación con mi amiga de Ghana) que era eso. Le dije que un resumen de un libro de lingüística. Jugaba un poco a maestro Zen. Tenía un aire a Anthony Hopkins. Siempre se negó a explicarme nada. Cuando fui por enésima vez a su despacho a darle mi última explicación del tema, me dijo que “dejara de hablar de pollas, que parecía que estaba loco. Y me hablo de un antipsicótico nuevo que tal vez podría animarme a probar.” Solac, creo que se llamaba. En mi último ingreso, a raíz de una pelea en el Froiz, uno de los internos, un chico con TOC, que también vive en el centro, encima del restaurante asiático, yo, como siempre hablaba en el comedor por los codos, hice muchos amigos, me dijo que eso de “la polla” era una broma habitual también en su instituto.

(iv) Como mi carrera había sido un desastre, o quizás ni siquiera haber existido, mi historia familiar no me apetece hablar de ella, pero tampoco es convencional, Concha Abuin insistía en que tenia un mal expediente, el título de funcionario me lo robaron en Secretaría, tuve que andar varios años con fotocopias compulsadas, y había una chica de la villa, Dolores Iglesias Remuiñan, que se había quedado desplazada, tendría que haberse a otro sitio, pero quería quedarse cerca de casa, tampoco es cuestión de explicarlo todo, pero el inspector, Juan Fernández, me dijo que no podía más, y la Delegación Provincial de A Coruña, solicito “de oficio” mi jubilación. Al año siguiente, Dolores fue nombrada directora. Por cierto, la primera vez que oí la etiqueta “esquizofrenia paranoide,” con cierto pavor, fue en boca de Celia, una profesora de Inglés, que observaba, riendo, “Huy, este tiene una esquizofrenia paranoide.”

No encuentro ahora todos los informes. Tengo un caos en la mesa. El psiquiatra Fernandez Leiceaga, hermano del economista, lo da como una posibilidad entre otras en el parte de mi ingreso “electoral” en 2009. Y también la Dra. Amboage, al acabar el ingreso del Froiz, dando como alternativa, hablo de memoria, “transtorno esquizo-afectivo.” Creo que es lo que alega también mi expediente de incapacitación legal. A Ryushin, que para que me relajara me dijo que dibujara alguna cosa con pinceles chinos, le dibuje una polla y un sofá, (acababa de comprarme 2 en Roche-Bobois) Le hizo gracia. Incluso se lo enseño a Shugen. Un follón, Ryushin se enrolló con alguien de fuera de la comunidad, le forzaron a una confesión pública. No perdió la condición de maestro, pero dimitió como Abad. Fundó esa otra comunidad, Sophia. Shugen llevaba más años practicando era un tío muy fuerte y, por todas las apariencias casto. Cotilleos Zen. Verdaderamente todos eran muy majos. Estaba también Thomas Cleary, el famoso traductor de textos orientales, aquí publicados por Kairos, le dije que aquí era una editorial bastante costrosa, me dijo que eso temía. Cuando le preguntaron en el debate, era un señor mayor, si le seguían gustando las chicas, contestó, avergonzado, que si. Ryushin, recuerdo que me dijo, acariciándose con la mano hacia arriba la mejilla, que un “transtorno de personalidad” no tenía la menor importancia. También que todo el mundo sabía como eran las cosas en España. Alguna vez he pensado en volver, pero tienen un horario de meditación tan estricto, que me siento incapaz de cumplirlo.

Published by Fernando Santamaría Lozano

Barely a life, no bio.

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