Yolanda y Jordan

Yolanda es incomprensible. No entiendo por qué me trata tan mal, no entiendo por qué nos resulta imposible hablar. Sostiene que soy incapaz de dar afecto, de sentir empatía. Pero su comportamiento es avasallador. Los días que estuvo aquí hizo lo imposible por robarme emocionalmente a Jordan. Yo había traído a Jordan a casa, había ido a buscarle, pagado las tasas, formalizado el contrato de adopción el jueves, 23 de Marzo (de 2023). Yolanda llegó a casa el sábado 25. Jordan y yo llevábamos dos dás en casa solos, silenciosos, idílicos. Había comprendido que yo, después de Carlos, era la nueva persona a su cargo. Yolanda empezó por querer ponerle la comida. Después por cambiarsela de sitio. Yo había puesto sus platos en el final más alejado del interminable pasillo, estamos solos en esta casa enorme, me gustaba ver sus cosas desde el cuarto, la puerta abierta da al extremo largo del corredor, después hace una L, pensar que compartía a su modo gran parte del espacio. Le pareció mal también, muy mal, que le hubiera comprado un collar. Yolanda tiene una especie de fijación con los gatos. En la casa de Quilmas, desde que la arreglamos, no sé hace cuando, hace 31 años, en 1992, en 1992 tuve mi primera crisis psicótica, creo que la casa estaba en obras, había recogido en el coche, un FIAT 1 blanco de 45 caballos, a una auto-stopista alemana, “hay mucha leña caída” dijo el carpintero, la chica tuvo un pequeño, pequeñísimo papel, en mis alucinaciones, cuando Braulio y yo nos rozamos brevemente las manos, otra vez en el coche, creí que ella y su compañero, “Jano” me había dicho que era su apodo, el dios que mira simultáneamente al frente y a sus espaldas, me pareció un nombre de guerra, y una simbología, de actor porno, asomaban al pasar por la ventanilla y se reían, esa forma malévola de sonreir para la que el Inglés tiene nombres, “smirk,” “chuckle,” hemos visto pasar por la huerta una infinidad de generaciones de gatos. Nada más arreglar la casa había como unos siete, todos y todas de aspecto patibulario, uno o una tuerta, otro cojo. Esos murieron en uno o dos años, envenenados por algún vecino decidido a hacer limpieza. Bastante después, mi foto de ella y “Pepito,” con solo unas semanas, está fechada 21 años más tarde, en 2013, vino Crokie, una abnegada gata tricolor obstinada en parir con la precisión del reloj de la Puerta del Sol, 2 camadas al año. Solo solía sobrevivir la de primavera, la que veía la luz con el buen tiempo. No recuerdo si “Escali” era hija de Crokie o no. Escali murió, probablemente de cancer, en nuestro alpendre. Y también estuvieron los “Jumbitos,” blancos, con dos manchas negras a ambos lados de la frente, les llegaban hasta las orejas y daban la impresión de una calva, de que el espacio intermedio, blanco, era el espacio sin pelo, la calva de un ser humano. Mi foto de ellos es del 2014. Fueron hermanos pequeños de Pepito, por tanto. Pepito, Crokie, los Jumbitos … todos murieron. Ahora, en 2023, frecuentan la huerta dos hembras de la ultima camada de Crokie, “Fidei Comiso,” una gata blanca, y “Papisa,” una gata carey. Carey fue también una gata mítica, “Matroni,” un puente entre los gatos lisiados y la famila de Crokie. “Matroni” se quedó una vez encerrada una semana en la casa, era silenciosa, no sabíamos que estaba dentro, cerramos, y sobrevivio esos siete días apurando los restos de una bolsa de pienso de Fume. Cuando volvimos, salió a todo correr. Me parece que usó el arenero. A todos ellos, 31 años de gatos, Yolanda les puso nombre, estudió sus hábitos, sus temperamentos. Yolanda tiene una rara, extraña afición por los gatos, o la desarrolló allí. No obstante, el contrato de adopción de Jordan está a mi nombre. Jordan estaba en proceso de adaptación, no debió entrometerse. Hoy he recibido por correo este enlace: HSP: How to Finally Get Unsafe People Out of Your Life. No creo entrar en la categoría, pero el concepto me parece interesante.

2013: Crokie y Pepito

2014. Uno de los Jumbitos. La generación siguiente.

Published by Fernando Santamaría Lozano

Barely a life, no bio.

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