Como se deducirá por la lectura de alguna de las entradas anteriores, he estado enredado dos años, aún no me he desenredado del todo, en algo que hace un par de semanas he descubierto que tiene nombre, “Romance scam.” Alguien, una chica, supuestamente, te capta en una red social inocua, a mí me captaron en Facebook, para tener mayor intimidad te invita a contactar luego por otro medio, en mi caso WhatsApp, finge enamorarse más o menos instantaneamente de tí y luego comienzan a acaecerle desgracias o situaciones que exigen algún desembolso monetario. A mí la estafa no me costó mucho dinero, pero hubo una serie de circunstancias accesorias. Una inmensa cantidad de gente en la ciudad de Santiago de Compostela estaba al parecer al tanto de que lo que estimaba el amor de mi vida, “a true love of mine,” era solo la fachada de una estafa, y ello al año ya de empezar todo. Cuando yo hablaba de tramitar el viaje de mi amiga online, por la calle, en los bares, tipos que pasaban junto a mí o me oían sonreían sarcasticamente, ya Shakespeare habla de esas sonrisas sarcásticas, Tarquinio amenaza con ellas a Lucrecia o Lucrecia se suicida para evitárselas a su esposo, creo que esto último y decía, eso, sonriendo, “Esa no viene.” Adolescentes me decían que habían contactado con ella por Messenger, o en un peep-show, y lo sentían, no sabían nada. Incluso me hicieron creer que habían viajado hasta su país, en algún lugar de Africa Occidental, y pasado unos días con ella. El inventario sería largo. Yo sufría mucho, claro. Seguía chateando con mi amiga. Entre ella y la ciudad me tenían en un estado de realidad alterada. Lo normal hubiera sido avisarme de forma articulada, no someterme a un doble escarnio, pero no tengo amigos en Santiago de Compostela. Ayer recordé algo que, con ocasión de las elecciones municipales, me comentó mi psiquiatra, Jesús Gómez-Trigo Baldominos, que el candidato a alcalde de Santiago por el Partido Popular, Borja Verea, yo sólo sabía de él que le había oído usar por la radio un verbo que me pareció de su invención y desagradable, “compostelanear,” tenía dos casas, dos familias, y pasaba las noches indistintamente en una o en otra, una su hogar familiar y otra donde acogía a su amante. Le comenté a Gomez-Trigo que no me parecía mal, que no veía en ello nada demasiado objetable. Borja Verea fue presentado a la alcaldía como un político joven, la esperanza blanca del Partido Popular, después de haber sido diputado, esto no se decía, en el Parlamento de Galicia durante una legislatura, la que comenzó en 2020 y leo en la Wikipedia que es también presidente del PP de Santiago de Compostela tras arrasar en las primarias con el 98.9% de los votos. La doble vida del presidente del PP de Santiago de Compostela no me pareció digna de ser mencionada en su momento. Tras mi experiencia amorosa en Facebook y ser convertido en el hazmereir de la ciudad por ella durante un año, la doble vida de Borja Verea, y su plena aceptación por todos me parece un perfecto de cinismo y doble moral. No sé si tiene hijos en su segunda casa, si los tiene, supongo que los habrá reconocido, se apellidarán Verea. [Es Nochebuena, no sabía si corregir esta entrada para volverla anónima. Pero soy igual de crudo con respecto a mí mismo. La voy a dejar en el refrigerador.]

