Mi viejo Ipad pro, de primera generación, de no sé hace cuánto, siete u ocho años, que D.A. vino a dejarme en taxi, después de robarme el nuevo de 2022, “este para leer te vale,” dijo, D.A era sin duda un experto en redistribución de la riqueza, por que me dejó igualmente los airpods pro, después de llevarse los “max,” nunca me acostumbré a ellos, después de todo, mi viejo Ipad pro, en fin, murió hace dos noches, le había comprado una batería externa, funcionó tres o cuatro meses, quizás más, pero ayer o anteayer murió del todo. Por razones que no vienen al caso, tenía un post muy largo, cortazariano, donde las explicaba, me equivoqué en el grabado que lo personalizaba. Puse “Mr. Jordan’s mini Ipad” (“El pequeño cuaderno subjetivo, cuaderno del yo, de Mr. Jordan”), Mr. Jordan es mi gato, lo recogió una peregrina alemana de un vertedero o algo peor cuando tenía uno o dos semanas y lo tuvo en acogida hasta que me lo ofreció en adopción Carlos, un trabajador del albergue, que lo tenía en su casa, en lugar de lo que era mi intención “Mr. Jordan’s iPad mini.” Me dí cuenta en seguida, no pude contactar por ningún medio por Apple. Queda el grabado, siempre oculto en la trasera gris espacial, cubierta por la funda color berenjena, otra historia, hacía tiempo que quería un iPad mini, lo asociaba con alguien, alguien me recomendó que le escogiese una funda púrpura y la pedí por Amazon para un iPad que nunca llegó, tampoco me llegaba el saldo, queda el grabado como recordatorio de que no debo hacer caso a los consejos de las voces.
